Voluntariado

Voluntarios Vocacionales

 

VOLUNTARIOS VOCACIONALES

Dos cooperantes malagueños cuentan qué les llevó a nadar contracorriente, a dedicar parte de sus vidas a entregarse a las personas necesitadas

 

TEXTO: IGNACIO LILLO

No tuvo una infancia fácil. Con apenas diez años caminaba durante un día entero sin despegarse de su padre, desde su casa en la calle Churruca, en La Trinidad, hasta Estepona, Vélez-Málaga o Nerja. Vendían mariposas luminarias que ellos mismos hacían. En esas circunstancias, perder la mercadería o que se mojara con la lluvia suponía no comer ese día.

Las vivencias de juventud de Antonio González, 'Papuchi' no son muy diferentes de las que pueda experimentar hoy cualquier artesano en un país del Tercer Mundo. Reconoce que las penurias que vivió de niño le han hecho a ser más consciente de las carencias de los demás, y a sus 81 años es uno de los pilares de la oenegé Organización Social de Acción Humanitaria (OSAH).

Este oficial tornero jubilado de Renfe llegó al voluntariado casi por casualidad. «La asociación organiza talleres para mayores y venía a bailar con mi señora. «me propusieron formar parte de la asociación y sólo puse como condición que me asignaran a alguna tarea que a mis años pudiera hacer».

De eso hace cuatro años. Su entrega es total y lo demuestra con los hechos. Cada día aparece en la sede sobre las diez de la mañana y después de la parada del almuerzo regresa, hasta bien entrada la tarde. «Me llaman por teléfono y salgo corriendo. Estoy disponible todos los días a cualquier hora».

Ahora es el responsable de la recogida y el reparto de alimentos entre las personas necesitadas que acuden a la asociación. Algo que lo ha hecho muy popular y querido entre sus convecinos. «Sufro cuando no vengo. Ayudar a los demás es una gran satisfacción y un orgullo, porque se lo merecen». Antonio tiene palabras de cariño para las personas que le paran por la calle para preguntarle cuándo habrá un nuevo reparto.

Vocación

Milagros López Bravo, Mila, de 36 años, es profesora de Biología en el instituto politécnico Jesús Marín, de Carranque, y está especializada en el trabajo con estudiantes sordos. Pese a su edad, es una veterana del voluntariado. Se inició a los 17 años, en talleres y campamentos de verano para niños. Y desde hace 12 meses gestiona varios proyectos para llevar libros a República Dominicana.

«Ayudar a las personas forma parte de mi vida. Si sólo te miras el ombligo nada tiene sentido. Tus problemas se hacen más llevaderos cuando tomas conciencia de los avatares de los demás».

Frente al consumismo Mila antepone la utopía. «El mundo se puede arreglar todavía. Es el mejor arma contra la resignación. Todos debemos ayudar un poco». Su infancia transcurrió en Puerto de la Torre, en el seno de una familia de seis hermanos, rodeada de animales y en contacto con la naturaleza. «Aprendimos a valorar las pocas cosas materiales que teníamos. Pero siempre estabas acompañado».

Es el tipo de educación que quiere inculcar a su hija Marina, de cuatro años. «Tiene muchas cosas materiales y no las valora igual. Intento educarla en la no abundancia, no darle cosas, sino ir al campo, inventar juegos, que vea menos televisión. Estamos en una sociedad consumista y no voy a nadar contracorriente, pero quiero que aprenda a consumir sólo lo necesario y que anteponga las personas frente a lo material».

PROGRAMA DE VOLUNTARIADO

Desde OSAH ofrecemos la oportunidad de viajar a REp. Dominicana como cooperante en nuestros proyectos

Actualizado (Lunes, 09 de Noviembre de 2009 14:29)

 

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